John Becker es un buen médico que vive entregado a sus pacientes. Pero tiene un defecto: su mal humor. No tiene reparos en decir abiertamente lo que piensa y opina de todo y de todos sin importar las consecuencias.
Para él, el mundo se ha vuelto loco y su obligación moral es denunciarlo en sus devastadores comentarios. Becker da rienda suelta a su bordería en su consulta del Bronx neoyorquino y en la cafetería-kiosco de prensa